Hemeroteca :: 03/04/2009
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De tomo y lomo

Nada nuevo bajo el sol

Por Antonio Terán y Pando
Última actualización 01/04/2009@13:25:36 GMT+1
Hace muchos, muchos años, en la húmeda y poco atractiva Barranquilla, allá en el Caribe colombiano, andaba yo deambulante, ambulacral, giróvago y como en trance, por mor de la temperatura, la higroscopía y
la sorpresa.

Yo estaba casado entonces y a fe que era un hombre fiel. En un restaurante, a cuyo nombre mi memoria ya no tiene acceso, asistía a una cena de compromiso con la fugaz amante de mi querido amigo Pepe Magán. Él había tenido que viajar por sorpresa la tarde en víspera camino a Valencia, en la vecina y siempre hostil Venezuela.
Aún recuerdo que en la penumbra deliberada del comedor, Mirta (que así se llamaba mi cita a ciegas y por retruécano) me miraba con curiosidad de entomólogo, mientras yo me comía un áspic de higaditos de pollo al Oporto.
Por hablar de algo y dado lo violento de la situación, supongo, Mirta me preguntó -como el que no quiere la cosa- si me gustaba la arqueología. Naturalmente que sí, respondí yo. Y acto seguido, me invitó a visitar unos yacimientos prehispánicos en la Sierra Nevada de Santa Marta.
A la mañana siguiente y en un Renault 12 color ala de mosca, Mirta y yo encarábamos la carretera Panamericana, sorteando controles militares y comprando arepa de huevo, para engañar al hambre.
En la casa donde nos hospedamos, vivía una mulata madura que nos acomodó en una habitación calurosa de amplia cama cubierta de mosquitera bordada.
Aquella noche dejé de ser fiel.
Pura arqueología.

Tan pura como la del precioso “Civitates orbis terrarum” (Cities of the World, Taschen) obra del editor Georg Braun y el cartógrafo Franz Hogenberg, allá por 1572. La edición es espléndida y bajo la atenta dirección de Stephan Füssel, el lector recorrerá las ciudades de este mundo y será arqueólogo y etnógrafo y plausiblemente amante clandestino.
Las rocas, que nos rodean por todas partes, que nos abrazan, que nos besan con sus comisuras cristalinas son sin lugar a dudas uno de los más conspicuos vínculos de la especie humana con aquello identificable con lo transcendente. Hay rocas como mares, lacrimosas, pérfidas, llevaderas, agachadizas, untuosas, brillantes como corazones… Para saber como son las rocas, los minerales, las humildes piedras, es momento -hoy que nieva en el campo- de sugerir una preciosa guía de minerales: “Guía Básica de los Minerales” de Jaroslav Bauer (Omega). Si sus preferencias viran hacia las gemas no olvide saborear la “Guía de las Piedras Preciosas y Ornamentales” de Schumann (Omega).
Yo fui coleccionista de minerales. Tenía avieso cuarzo, pinturera venturina, paleto yeso, orgulloso cinabrio y displicente calcopirita. Al cabo de los años, mi colección se fue dispersando, como se dispersan, hoy, mis ilusiones. Encontré un día una pieza rocosa dehiscente. Un milagro de la físico-química, me dije. Día a día, una nueva erosión de su corteza, dejaba entrever un corazón refulgente, radiante y emisor de una tectónica calidez. Hoy, aquella roca, habita metamórfica, cerca de mi, iluminando el último acto de mi vida antes de la ineludible caída del telón. Es un hermano, un consejero, un invitador al juicio y el juego… ¡Ah! Y cocina como los ángeles.
¿El clásico?
Un día Chumy Chúmez, habló con José Ángel Ezcurra y con Carlos Aramburu, los dos implicados en la revista “Triunfo”, para intentar convencerles de que se necesitaba una revista de humor que conviviera o quizás compitiera con “La Codorniz”.
Una vez obtenido el marchamo de los editores, Chumy fue a ver a Manolo Summers y entre los dos comenzaron a crear la nueva publicación. Chumy propuso, como nombre, “El huevo duro” y “El huevo blando”, que fueron rechazados. Summers fue quién le dio su nombre, ya legendario: “Hermano Lobo”.
No hubiéramos podido obviar semejante acontecimiento en un número dedicado al lobo. El 13 de Mayo de 1973, salió el primer número.

Chumy, Summers, Ops (El Roto), Gila, El Perich y algunos más en los fogones gráficos junto con los jefes de sala, de la sala literaria: Coll, Umbral, Burgos…
Quizás uno de los placeres que más recuerdo -yo tenía 20 años, cuando salió el número 1- era leer (y partirme de risa) Hermano Lobo. Época de destellos democráticos, de esclerotizada censura y entreabiertos ventanales de libertad, Hermano Lobo, fue un canto del más humor “underground” hispano. Demoledor, burlón e iconoclasta, desprendía un aroma a provocación que me era sumamente placentero.
Salieron 213 números. El cambio de la mentalidad popular -en proceso de metamorfosis- y la misma ecología del país, hizo naufragar el proyecto, lo cual no le quita mérito alguno, sino todo lo contrario.
Editorial Temas de Hoy editó “Lo mejor de Hermano Lobo” en 1999. Si tienen oportunidad cómprenlo. Yo compartía la tercera edición con mi hija, que entonces tenía 10 años y aún hoy que tiene 18, volvemos a releer sus páginas llenas de fulgores de verdadero humor.

(¡Ah!, por cierto. Le doy la bienvenida a Miguel Llanos. La sinergia con Rogelio va a ser la bomba. ¡Qué obra maestra el Jerez! ¡Qué vino tan histórico! ¡Qué español y qué británico!... Mi padre decía que españoles y portugueses, después de haber inventado el Jerez y el Oporto, ya habían cumplido con la Historia. Y luego me contaba una anécdota de Wellington.)
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