Hemeroteca :: 17/12/2009
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Viajar

Bélgica, Holanda y Luxemburgo en la mochila.

(Foto: Alicia Parras)
Última actualización 17/12/2009@17:52:40 GMT+1
(Foto: Alicia Parras)
Planificar un viaje no es tarea fácil:
además de buscar un vuelo tenemos que encontrar el alojamiento e indagar qué visitar en cada ciudad o país.

Sin embargo, existe una opción alternativa que, desde hace ya muchos años, nos ofrece la posibilidad de viajar por varios países de una manera muy
sencilla: el InterRail.

Como su nombre indica, se trata de viajar en tren atravesando Europa. En las siguientes páginas detallaremos precisamente una de las opciones que el InterRail nos ofrece: el Benelux Pass.

Esta forma de viajar es muy popular entre jóvenes universitarios, ya que otra de sus ventajas es lo económico que es adquirir el billete de InterRail. En el caso de el Benelux, éste sólo cuesta 123 euros, lo cual resulta bastante asequible, ya que nos permite viajar a nuestra conveniencia por estos tres países durante seis días en un mes. Es decir, tenemos “tarifa plana” de trenes esos 6 días.

Por tanto, es primordial organizarse y planificar.

El Benelux Pass
Aunque parezca que el famoso InterRail es una moda reciente, lo cierto es que su historia se remonta a 1972, en el 50º aniversario de la Unión Internacional de Ferrocarriles.

En un principio sólo se podía viajar a los países que formaban parte de la Comunidad InterRail. Sin embargo, hoy en día podemos hacerlo por más de treinta naciones europeas.

A la hora de comprar el billete, tenemos el One Country Pass (como es el caso del Benelux Pass) y el Global Pass, que nos permitirá viajar por toda Europa.

Además, no hay límite de edad aunque sí se considera un precio distinto para jóvenes (hasta 25 años) y otro para adultos. Sin embargo, esa diferencia no es muy abultada.

Preparados para viajar
Antes de iniciar el InterRail, lo primero a tener en cuenta es que hay que olvidarse de la maleta, ya que no es lo más cómodo pues cambiaremos de un tren a otro y puede que sólo tengamos cinco o diez minutos para hacerlo. Por tanto, la mejor opción es llevar una mochila.

A continuación veremos un ejemplo de One Country Pass de diez días de duración y seis de viaje en tren.

Día 1: Madrid Barajas - Bruselas - Luxemburgo
Aunque lo más rápido hubiera sido viajar directamente en avión a Luxemburgo, los elevados precios del billete de avión a dicha ciudad hacen replantearse el punto de partida del viaje.

Un vez en Bruselas y sin tiempo para admirar ningún monumento (por ahora), hay que dirigirse a la Gare du Nord y desde allí montarse en el tren que, en sólo dos horas, nos llevará a la ciudad de Luxemburgo.

Una vez en esta pequeña pero preciosa ciudad, lo mejor es pasear y perderse por sus coquetas calles adoquinadas y disfrutar de un café en una de sus numerosas terrazas.

Como la estancia será corta, debemos visitar los lugares más importantes y pintorescos así como los que mejor nos describan la historia y evolución del país y, en concreto, de la ciudad. Uno de estos lugares de obligada visita son tanto el Palacio Ducal como los “Casemates du Bock”: imponentes túneles excavados en las colinas rocosas que rodean la ciudad y que sirvieron en la Edad Media de fortaleza para los habitantes, ya que Luxemburgo es una ciudad que no se libró de numerosas invasiones.

Día 2: Luxemburgo – Bruselas
Debemos madrugar ya que hay que aprovechar el día aunque, antes de nada, debemos tomar un buen desayuno porque la jornada será intensa.

No podemos dejar de visitar los alrededores de esta ciudad y, por ello, la mejor opción es alquilar un coche pues merece la pena conocer el American Cemetery and Memorial donde está enterrado el general Patton y donde miles de cruces blancas perfectamente alineadas rinden homenaje a los soldados caídos en combate durante la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, no podemos abandonar Luxemburgo sin visitar el pueblo de Vianden, en el cual su impresionante castillo situado en una colina nos dejará sin palabras.

Desde Vianden hemos de regresar a la ciudad de Luxemburgo pues desde ahí partiremos hacia Bélgica y, en concreto, a Bruselas.

Día 3: Bruselas.

Bruselas no es sólo la sede administrativa de la Unión Europea: es la ciudad del cómic europeo por excelencia (personajes como Tintín dan fe de ello) y una de las ciudades del Viejo Continente donde más proliferó el Art Noveau de la mano del arquitecto Víctor Horta.

Tanto es así que los mapas que se distribuyen en cualquier oficina turística de la capital de Bélgica nos ofrecen tres recorridos que, en ocasiones, confluyen en algunos puntos de la ciudad. Dichos recorridos son el del cómic (cuya visita obligada es al museo dedicado a éste), el del centro histórico y el del barrio Art Noveau, muy cercano a los edificios de la sede de la Unión Europea.

Los tres recorridos se pueden hacer en un día y, por tanto, merece la pena hacer un esfuerzo y no pasar de largo ante monumentos como el famoso “Manneken pis” (que en dialecto bruselense significa “niño que orina”) o la Grand Place que fue nombrada Patrimonio Universal por la UNESCO en 1998 y considerada por Víctor Hugo como “la plaza más bella del mundo”. Esta explanada alberga edificios corporativos de diverso estilo y época como son el gótico, el renacentista y el barroco y, son llamados popularmente el Zorro, la Loba, la Bolsa y el Cucurucho.

Sin embargo, aunque los encantos y los lugares que merecen ser visitados son infinitos, no podemos abandonar esta ciudad sin contemplar el famoso Atomium al cual podemos llegar en metro pues se encuentra a las afueras y, más concretamente, en el barrio de Heizel. Se trata de una estructura de 102 metros construida para la Exposición Universal de Bruselas de 1958 y representa los nueve átomos de un cristal de hierro aumentados 165 billones de veces.

Hoy en día, es considerado el símbolo de Bruselas, una ciudad multicultural y cosmopolita que deja sabor a multicultural y arte.

Día 4: Bruselas - Brujas.

No es fácil despedirse tan pronto de una ciudad que tiene tanto que ofrecer. Sin embargo, el próximo destino bien lo merece y, por algo, Brujas es considerada “la Venecia del Norte”.

Apenas cuarenta y cinco minutos después de abandonar Bruselas llegamos a esta ciudad flamenca que, hace más de cinco siglos, fue una gran metrópoli por su actividad portuaria. Hoy, es la villa medieval mejor conservada y la más visitada de Bélgica.

No hay palabras para describir sus calles, sus canales, sus puentes (o brugges, de ahí el nombre de la ciudad). Adentrarse en Brujas es sentirse testigo del paso del tiempo y la mejor opción para no dejar pasar ni un detalle de la ciudad es recorrer en barca sus canales. Tampoco podemos dejar de visitar la Catedral de San Salvador ni la Basílica de la Santa Sangre, en cuyo interior es conservada una reliquia de la sangre de Cristo. Además, los amantes del arte flamenco pueden admirar la estatua que Brujas levantó en honor del pintor Jan van Eyck, fallecido en esta ciudad en el año 1441.

Y, por último, merece la pena tomar un café en una de sus numerosas terrazas mientras anochece y disfrutar de la bella iluminación que resalta los encantos de esta urbe.

Día 5: Brujas - Gante
El viaje continúa, ahora hacia otra de las más pintorescas localidades belgas: Gante.

Si Brujas nos ha impresionado por la conservación y belleza de sus edificios, Gante no nos impresionará menos, si bien, además, nos ofrece una animada vida nocturna al tratarse de una capital universitaria.

Se trata de una ciudad flamenca, al igual que Brujas. No olvidemos que existe un conflicto que viene de antiguo en el país belga y que hace que la población esté literalmente dividida entre flamencos (hablan neerlandés y defienden la independencia de Flandes) y Valones (hablan francés).

El centro histórico de la ciudad nos muestra también castillos medievales, como el “Gravensteen” o “Castillo de los condes” construido en el siglo XII y que aún conserva su foso lleno de agua.

En Gante podemos disfrutar también de un agradable paseo en barca por sus canales con el objetivo de no dejar un rincón sin visitar. Sin embargo, no debemos irnos de la ciudad donde nació Carlos I de España y V de Alemania sin contemplar la “Adoración del Cordero Místico” de Jan van Eyck en la catedral de San Bavón.

Y, por supuesto, no dejamos Bélgica sin degustar sul chocolate.

Día 6: Gante - Delft.

Cambiamos de país y el paisaje da señas de ello. Atrás quedan ya Luxemburgo y Bélgica. No obstante, en Holanda nos queda aún mucho por ver y recorrer, empezando por los campos de tulipanes visibles desde el tren, aunque sólo dan muestra de su belleza en primavera.

A la llegada a Delft adivinamos una luz especial. Es la misma luz que el pintor barroco Vermeer utilizó en sus famosos cuadros, tales como “La joven de la perla” o “La lección de música” ya que nació y murió en esta ciudad, la cual hoy le consagra un interesante museo que da cuenta de las innovaciones introducidas por el pintor en el campo de la luz y la perspectiva, y nos sitúa su figura como referente en la historia de esta villa arrasada por un incendio en 1536 y destruida parcialmente en 1654 por una explosión.

Como curiosidad, cabe destacar que la torre de la “Oude Kerk” o “Iglesia Vieja” de Delft está inclinada debido a la poca firmeza que tiene el terreno, ya que esta ciudad cuenta también con numerosos canales que, por cierto, están repletos de nenúfares.

Desde Delft podemos realizar una visita corta a Rotterdam o a Gouda, donde podremos degustar sus famosos quesos.

Día 7: Delft - Ámsterdam.

Hemos viajado en tren un total de cinco días. De esta manera, el trayecto de más de dos horas que separa Delft de Ámsterdam supone el último viaje que el “Benelux Pass” nos permite hacer.

Adentrarnos en Ámsterdam es como visitar otro país dentro de Holanda. Es una ciudad cosmopolita totalmente abierta a los turistas.

En Ámsterdam tenemos mucho que ver y, por ello, nos quedaremos hasta el final del viaje, es decir tres días.

Empezaremos por dar una vuelta y qué mejor que acercarnos a la céntrica Plaza de Dam, cuya historia va muy unida a los primeros pasos de Ámsterdam como ciudad, ya que esta plaza fue el primer dique que se construyó en dicha población en el siglo XIII. En esta mismo lugar, tenemos el Palacio Real construido en 1648 para hacer las veces, curiosamente, de ayuntamiento. Justo al lado, tenemos la “Iglesia Nueva” que dota a la plaza de un cierto aire medieval.

Pero, si de este foro, algo nos llama la atención es el Monumento Nacional de Liberación situado en el centro de la misma y que rinde homenaje a los caídos durante la Segunda Guerra Mundial.

Al ser Ámsterdam tierra de libertades, podemos olvidar nuestros prejuicios y desde la Plaza de Dam, adentrarnos en su famoso Barrio Rojo donde las prostitutas esperan a sus clientes exhibiendo sus encantos tras escaparates llenos de bombillas de color rojo. También podemos visitar uno de los famosos cofee shops en los cuales se permite la compra y consumo de drogas blandas (marihuana y hachís) legalizadas desde 1976 y donde el ambiente es de lo más distendido y tolerante: podemos ver desde ejecutivos a personas entradas en años fumando y charlando tranquilamente a la vez que toman un café.

Curiosamente, en estos locales se permite fumar cigarrillos de marihuana pero no de tabaco.

La legalización de la prostitución en Holanda se remonta al año 1911, aunque se tiene constancia de que ya en el siglo XVII las prostitutas se ofrecían a los marineros desde sus ventanas. Además, Holanda fue el primer país en legitimar los matrimonios homosexuales en el año 2000.

Podemos finalizar nuestro recorrido de hoy en la famosa calle Warmoestraat, que es la más antigua de la ciudad y donde vivían los ricos comerciantes de entonces.

Día 8: Museos en Ámsterdam.

La capital de Holanda nos ofrece gran variedad de museos para visitar, aunque el precio es el único inconveniente, ya que es bastante elevado.

Entre los más recomendables están el famoso Museo Van Gogh en el que encontraremos la más amplia selección de pinturas del genial artista neerlandés, o el Rijksmuseum, uno de los más importantes del mundo y donde se exhiben las obras de la Edad de Oro holandesa cuyo máximo exponente es el pintor barroco Rembrandt.

Si buscamos algo más dinámico, lo mejor es pasar por la antigua fábrica de cerveza Heineken, hoy convertida en un museo interactivo y en cuyo bar nos invitarán a una caña.

Y como nunca está de más revisar la historia más reciente, podemos hacer una visita a la Casa-Museo de Ana Frank, donde la misma estuvo escondida junto a su familia pues eran judíos.

Día 9: De compras.

En Ámsterdam hay tiempo de sobra. El centro está plagado de tiendas de las que no podremos pasar de largo, ya que encontraremos de todo: desde comercios de ropa de segunda mano a librerías, pasando por las marcas más caras y modernas.

Sin embargo, nos queda por visitar el famoso Homomomument erigido en 1987
en memoria de los homosexuales perseguidos y reprimidos durante la Segunda Guerra Mundial.

Para reponer fuerzas, qué mejor que acabar el día tomando algo en una de las muchas terrazas a pie de los canales.

Día 10: Ámsterdam - Madrid
Desde la maravillosa capital holandesa regresamos a Madrid. Y, como no podía ser menos, en nuestra maleta traemos un souvenir que no podía faltar: unos bulbos de tulipán que hemos comprado en el famoso Mercado de las Flores en Ámsterdam. Ello certifica que el InterRail de los Tulipanes ha sido un éxito.

Los mejores rincones de las ciudades visitadas son aquellos que aún no hemos descubierto. Tendremos que volver.

Texto y fotografías: Alicia Parras
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(Foto: Alicia Parras)
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