Hemeroteca :: 17/12/2009
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Entrevista

El Arte de la Provocación

Última actualización 17/12/2009@17:56:42 GMT+1
El día que vi por primera vez un cuadro de Antonio Terán, me dio la impresión de que tal actividad pictórica tan sólo significaba para él una afición, sin ningún tipo de pretensiones, un juego de dibujo y manchas de spray, resultado de la casualidad y la improvisación caprichosa del momento. Pero con el tiempo he ido comprobando cuan equivocado estaba en mis apreciaciones. Conforme abundaba en el conocimiento de su obra, iba cerciorándome de su coherencia y solidez, de que había una mano firme y diestra y una mente lúcida tras esos dibujos de trazo seguro y precisos toques y manchas de color.

Qué decir de Antonio Terán… Farmacéutico de carrera, hombre culto y de educación exquisita, reconvertido a librero, magnífico marchante, (en su librería, por todos conocida, El Gato Lector, han expuesto sus obras, buenísimos e interesantes artistas). Excepcional labor, ésta última, de difusión del Arte por estos lares tan desérticos y sedientos de cultura artística. Cabe mencionar, igualmente, su faceta de lisérgico escritor y lírico poeta, además de cultivar, también, el dibujo y la pintura, que es lo que realmente nos interesa en el presente artículo. Vamos, un auténtico hombre del Renacimiento.
¿Cómo valorar, cómo desmenuzar una obra, aparentemente tan obvia, pero, a la vez, tan compleja en su trasfondo? Para indagar en ello, mantuvimos, Mariano y quien esto escribe, una extensa charla con él en el lujurioso jardín de su magnífica casa-estudio. De dicha conversación extraemos los siguientes y fundamentales fragmentos.

Nos contó, Antonio, su gran afición al dibujo desde muy pequeño, como ocurre a casi todos los artistas…
…Todavía guardo algún dibujo de los típicos, que hacías y luego tu padre ponía debajo: Antoñito, 4 años. Desde entonces… ¡Hace muchísimo tiempo!
En su casa, su padre dibujaba muy bien, pero a nivel técnico; la parte artística venía de parte de su madre… A pesar de ello, su formación en arte fue totalmente libre…
La formación fue absolutamente autodidacta. En el colegio teníamos unas clases de pintura y dibujo; teníamos un profesor y fue el primero que me enseñó cómo hacer las sombras y todas esas cosas. Pero, luego, sobre todo, ha sido ver mucho. Ver y ver y ver mucha pintura, muchos museos, muchos libros…Creo que esa es la gran clave.

Hay un predominio del dibujo en sus composiciones, acompañado, no obstante, de collages, manchas de sprays y algún que otro brochazo, pero con escaso empleo de la materia pictórica…
Muy poca. Es mucha base de dibujo y luego colorear. Porque, en principio, básicamente, he sido siempre más dibujante que pintor. Yo empecé haciendo primero dibujo, luego iluminándolo con acuarela y tinta china, y a continuación empecé a utilizar el óleo. No he utilizado nunca acrílico, por ejemplo. El spray es un descubrimiento nuevo. A mí me encanta el arte urbano, tipo graffiti, y considero que es un puntal del arte contemporáneo. El spray ha sido una técnica que he introducido hace un par de años y que me da sensaciones de veladuras si lo llevas desde muy atrás, y si lo acercas das un color más intenso.

Una especie de icono se repite en muchos de sus cuadros: unas bocas, realizadas con collage, de un rojo encendido y mostrando la blanca dentadura, como anuncio de dentífrico. Recuerdo una, especialmente, abiertas sus fauces de par en par, ocupando la mayor parte de la composición, con un fondo de garganta tremendamente oscuro y misterioso, cual agujero negro, estimulando nuestro morbo e invitándonos a entrar, como Alicia a través del espejo, en el País de las Maravillas Eróticas…
Entremos, pues…
La historia es, que Warhol me encanta, y yo tenía una fotografía, de esas que van festoneadas, del año 58, en la playa del Albir, en Altea, que sacó mi padre. Yo estoy ahí, con mis gafas fantásticas…y me dije, ¿porqué no tratar la fotografía? Que es también un poco la idea de Warhol, es decir, coger la foto de Mao Tse Tung y ponerle los labios verdes, el fondo azul, los ojos colorados…Y entonces dije, lo voy a hacer con esa fotografía. Pero, fíjate, yo tenía un elixir bucal, en un bote blanco que tenía la sonrisa, la que luego veis en los cuadros, y entonces, lo que se me ocurrió fue sacar una fotocopia, recortar la sonrisa y pegársela al niño… y el efecto fue tan absolutamente jocoso, me divertí tanto con esa historia, que me dije, ahí es donde está el tema. Y de ahí nació. Estamos hablando del año 2000.

Se manifiesta, Antonio Terán, satírico y sensual en sus obras, irónico y provocador, con aparente intención de crítica social, al tiempo que desconcertante, en unos dibujos-pinturas de corte surrealista-daliniano, con ciertos toques perversos y sarcásticos, rayando en lo grotesco…
El que yo vaya a lo grotesco es, porque en el fondo, quizás pretendo sorprender a la gente deliberadamente. Yo creo que lo primero es sorprender. Entonces, pongo cosas grotescas porque, probablemente, las tengo dentro de una parte de mi ser. Lo que hago es plasmar algo que debo tener de grotesco internamente. Y lo tengo que sacar, porque quizás me hiere. En cuanto a la crítica… No critico a la sociedad, critico a la persona. La sociedad para mí es una estructura que me importa un pepino. Yo critico, más que a la sociedad, a la persona y, sobre todo, a la hipocresía. Y el sarcasmo lo uso, precisamente, para zaherir de vez en cuando la conciencia de las personas.
¿Qué es el Arte, sino la expresión de un ser sensible y creativo, feliz o atormentado, introvertido o vitalista, buscador o satisfecho de sí mismo, pacífico o furioso…? Personalmente, creo que el artista se proyecta en su obra, consciente o inconscientemente, con toda la carga emocional de sus ocultos deseos, de sus anhelados sueños, de las profundidades misteriosas de su ser…
Es evidente el erotismo y el sexo en la pintura de Antonio Terán…
Sale, porque el sexo me encanta, porque me considero un tío muy sexual. Pero, es que, además, me encanta ponerlo delante, para que la gente… Me gusta llamar la atención a la gente con ese mundo, porque, para mí, el sexo es una cosa como muy natural… Hay gente que se intimida con ello.

Abundan también los autorretratos en la obra de Terán, quizás como proyección de sí mismo…
Yo creo que es una necesidad de buscarme. Y de encontrarme en el cuadro… Pienso siempre que la pintura y todas las artes tienen que ser muy introspectivas y tienen que tratar de uno.

Connotaciones surrealistas, influencias del pop-art, registros kisch… No escatima recursos, Antonio Terán, a la hora de aplicar y mezclar estilos y tendencias con el fin de lograr su propósito final: una obra original y de explosiva provocación…
Eso sí, eso sí que me gusta hacerlo, eso me encanta. Y en cuanto a influencias, creo que la escuela mía clave ha sido el movimiento surrealista, tanto en el ámbito pictórico, como en el escultórico, o en el literario. También reconozco que el pop-art americano me ha influido mucho. O sea, a mí me encanta Warhol, me encanta Rothko, me encanta Rauchsemberg… Warhol es uno de mis grandes pintores en el tema. Mi obra es una mezcla entre el pop-art y la escuela ideológicamente surrealista. Pero luego, sobre todo, lo que me interesa es que impacte. Eso es lo que más me interesa, que sorprenda, que inquiete; eso es lo fundamental, lo que más me interesa: provocar.

Y no hay duda de que lo consigue, con una obra cargada de emoción, de intensa alegría y entusiasmo, divertida y personal, que no deja a nadie indiferente.
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