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Combustión Humana Espontánea
Borja Medina González
Última actualización :: 02/07/2010 @ 09:50:12 (GMT+1)
No hay mayor misterio que el que se esconde dentro de cada uno de nosotros. En este monográfico sobre el Sol, sobre el calor y, en definitiva, sobre el fuego, exploraremos el enigma del cuerpo humano en relación con el elemento rojo.
Quizás pueda resultar difícil comprender un fenómeno como el que se presenta aquí. Probablemente imaginar a un semejante consumirse por el fuego sea un espectáculo dantesco, pero más terrible aun es pensar que ese fuego tenga como fuente de ignición un punto desconocido dentro del cuerpo humano.
Verdades y mentiras sobre este milagro, en el peor sentido de la palabra, será lo que el lector se encontrará en la siguientes líneas, si es que tiene el valor de adentrarse en ellas. Eso sí, le hago una recomendación, tenga cuidado con el fuego, pues quien no lo hace, acaba quemándose.
¿Qué es la Combustión Humana Espontánea y cómo sucede?
El fenómeno de la Combustión Humana Espontánea, más conocido con las siglas CHE, en el supuesto de darlo por cierto con base en casos que abordaremos en las siguientes líneas, ha sido descrito de la siguiente forma: un cuerpo humano comienza a arder de manera repentina hasta consumirse sin una fuente de calor externa que lo justifique científicamente.
La documentación sobre estos casos, como adelantaré más tarde, peca de ser extremadamente deficiente, aún así la versión típica tendría todos los rasgos del siguiente relato inventado.
Un hombre de mediana edad está leyendo el periódico en su sala de estar cuando de manera repentina siente un desconcertante calor en su interior. En un abrir y cerrar de ojos un fuego intenso y muy localizado se apodera de todo su cuerpo. Si en aquel momento alguien hubiera estado mirando habría visto como el amable señor se consumía en cuestión de segundos sin apenas tener tiempo de pedir auxilio.
Cuando la policía acude al lugar del incidente tan sólo se encuentra un montón de cenizas, aunque llama la atención cómo una de las extremidades de la víctima ha quedado indemne. También descubren los oficiales que el periódico que
probablemente leía el “consumido” se encuentra en perfecto estado junto a las cenizas. En un análisis más exhaustivo las autoridades encuentran una extraña grasa impregnada en las paredes de la habitación de origen desconocido.
Más o menos de esta forma se habrían producido, en el caso de dar los relatos por ciertos, una típica CHE.
Los casos
A partir del siglo XVII empieza a hablarse de la CHE, comenzamos a tener constancia de los primeros casos. Eso sí, tenga cuidado el lector, pues la información sobre estos asuntos nunca es de primera mano, en escasas ocasiones es completa y con poca frecuencia ha sido totalmente verificada. ¿Por qué los tratamos aquí? Bueno, “cuando el río suena…”
El primer caso conocido fue fechado en 1673. Un parisino al parecer alcohólico y de nombre desconocido, según palabras de Garth Haslam en “Spontaneous Human Combustion” "fue reducido a una pila de cenizas y unos pocos huesos de los dedos, pero la cama de paja en la que murió quedó intacta".
Uno de los casos más famosos, citado por el autor ingles Charles Dickens, es el que ocupa las siguientes líneas. Ocurrido en torno a 1731, reúne todas las características típicas de una CHE que se repetirán de manera casi ritual en los sucesivos casos. Tiene como protagonista a la condesa Cornelia di Bandi de Cesena, de 62 años de edad, encontrada por su sirvienta convertida en un montón de cenizas. Las notas características las aporta el estado indemne de piernas y brazos, pese al presunto fuego que debió convertir el resto del cuerpo en pavesas y la existencia de un extraño líquido pegajoso encontrado por toda la habitación.
Las investigaciones no se hicieron esperar demasiado. En 1763 Jonas DuPont, de origen francés, publicó “De Incendis Corporis Humani Spontaneis”, donde estudiaba el fenómeno de la CHE.
Un caso realmente espeluznante ocurrió en 1809, siendo su protagonista la Señora Peacock. A las dos de la madrugada el desafortunado vecino del piso inferior descubrió cómo, a través de un agujero que se había creado en su techo, unas extrañas cenizas estaban penetrando en su domicilio. La cara del señor debió ser de absoluto espanto cuando descubrió que aquel polvillo incandescente no era otra cosa que los restos carbonizados de su vecina. Dickens también utilizó este caso en la novela “Bleak House”, de 1853.
Más cercano en el tiempo es el caso de Mary Reeser, ocurrido en St. Petersburg (Florida), en fecha de 2 de julio de 1951. La Sra. Reeser, una mujer obesa de unos 65 años de edad, fue encontrada convertida en un montón de cenizas. Sólo se salvo de la incineración su pie izquierdo y prácticamente todo el domicilio. En este caso, el sillón donde estaba sentada, una mesa y una lámpara cercana sí sufrieron los daños del fuego. La última vez que su hijo la vio fumaba un cigarrillo y había consumido dos cápsulas de un fuerte barbitúrico. La pista más importante, que luego analizaremos como teoría, nos la ofrece la grasa como potente elemento combustible.
La revista “Lo inexplicable” de 1999, recoge un caso mítico. En 1974, en Georgia (EEUU), Jack Angel despierta en su domicilio con unas quemaduras terribles en su brazo derecho. Lo más espantoso no fue que tuvieran que amputárselo, sino que no sintió ningún dolor y la cama se encontraba en perfecto estado cuando despertó.
Finalmente, y siguiendo un orden cronológico, un caso ocurrido en los bosque de Oregon en otoño de 1991. Una mujer blanca de unos 40 años es encontrada junto a la carretera tras ser asesinada. Lo más curioso fue que el cuerpo de la víctima se consumió de forma extremadamente rápida y que la hojarasca de alrededor estaba en perfecto estado. El asesino no dio ninguna explicación.
Teorías a favor
Las explicaciones al fenómeno de la CHE son de lo más variadas. Científicos de todo calibre se han sumergido en el mundo del fuego desconocido para dar respuesta a este enigma.
Una de las principales tesis apuntaba que el consumo de alcohol era el causante de la incineración. Esta idea fue rebatida rápidamente pues el alcohol no incrementa la combustibilidad, aunque puede contribuir a incapacitar a la víctima.
No faltaron las teorías más fantásticas donde podemos hablar de poltergeist incendiarios, individuos que generan electricidad estática y pueden causar chispazos, energía geomagnética o, dentro de las más curiosas, la llamada “Combustibilidad Prematura” que provoca que determinadas
personas especiales puedan estallar en llamas si se exponen a alguna chispa.
Jenny Randles planteó un interesante argumento, aunque científicamente ha sido desbancado. Se trataba de la posibilidad de que determinados procesos químicos en el tubo digestivo de la víctima fruto de determinados tipos de dieta fuesen la fuente de ignición.
Otra idea extravagante y desmontada, fue que en casos muy precisos, altos procesos febriles podrían causar estos estallidos en llamas. Ningún tipo de proceso de este tipo podría llegar a causar una explosión en el cuerpo humano.
La teoría más acogida por la doctrina científica, o al menos, dentro de las posibilidades y sin saber demasiado de ciencia, la más racional, es la llamada “teoría de la mecha”. Esta tesis postula que el cuerpo humano se quemaría como si de una vela se tratase. La mecha sería la ropa de la víctima, el cuerpo se prendería, la grasa comenzaría a licuarse por el efecto del calor y sería absorbida por el tejido. De esta manera la grasa se convertiría en la fuente que alimenta el fuego y provocaría que la víctima se quemara como una vela.
Sobre esta base es extraordinariamente interesante el experimento realizado por el Dr. John de Haan del Instituto Criminalístico de California en 1998 que parecía dar respuesta al fenómeno de la CHE.
En el experimento se reproducía una escena típica del incidente de combustión. Se empleó un cerdo, por su similitud en cuanto a la grasa con el humano. Para representar las ropas de la víctima se recubrió al animal con una manta y después se vertió gasolina sobre él. Tal y como se expuso en la “teoría de la mecha” la sangre licuada del cerdo se absorbió por la manta, manteniéndose así el fuego. Tras 5 horas, durante las cuales la temperatura alcanzo los 800º, el animal llegó a
convertirse en un montón de cenizas, descubriendo que se destruía desde dentro.
Los objetos que se colocaron en la habitación para representar lo más fielmente una escena típica quedaron indemnes. Salvo algunos, como una televisión situada en lo alto del habitáculo que comenzó a derretirse por efecto de la nube de gas caliente, lo cual explica este hecho que se repite en los casos con humanos. Apuntar, por último, que las extremidades del cerdo no se quemaron, la explicación residía en que esta parte del cuerpo contiene poca grasa.
Teorías en contra
En el apartado anterior expliqué algunas de las teorías, unas más racionales o creíbles que otras, que tratan de explicar por qué un cuerpo puede quedar reducido a cenizas por efecto del fuego, al margen de que decidamos llamar a este fenómeno CHE. Ahora apuntaré, brevemente, los argumentos que están en contra.
Debemos partir de que el cuerpo humano esta compuesto por ¾ partes de agua, lo cual dificulta ya de por sí la combustión.
Si utilizamos como ejemplo la labor de un crematorio descubrimos que los cuerpos son sometidos durante cerca de dos horas a temperaturas que oscilan entre los 700 y los 1000º. Tras esto, los huesos todavía no se han destruido y deben ser triturados por unas bolas de acero que los convierten en lo que todos conocemos como cenizas.
Previo a estos argumentos puramente científicos, muchos pretenden destruir la posibilidad de la existencia de la CHE aludiendo a que procede de la propia imaginación. Las fuentes de este fenómeno no son del todo fidedignas y ha sido un fabuloso filón para la novela, lo que apunta que quizás sólo procedan de ese ámbito.
El misterio del fuego
A grandes rasgos lo aquí expuesto es todo lo que se puede contar sobre la CHE. Este fenómeno, como he ido apuntando a lo largo del artículo, ha sido muy utilizado en la literatura de la época y, aún hoy, podemos verlo reflejado en los libros y en el celuloide.
Como es frecuente, cuando nos encontramos con sucesos de este tipo, el “cuentista” (en el mejor sentido de la palabra), el que explica lo ocurrido, sólo puede y debe limitarse a eso, a contar, no es su función otorgar una solución que ponga fin al misterio. El lector, tras terminar las últimas líneas, debe reflexionar y decidir, ponderando los pros y los contras, si es que cree que un suceso como la CHE tiene algún punto de veracidad.
Ver, o creer, mejor dicho, que un hombre puede estallar en llamas sin ninguna razón explicable, al menos con el conocimiento científico actual, es difícil.
No digo, ni mucho menos, que la CHE sea tal y como la describen en los casos, simplemente quiero apuntar que no debemos desestimar la posibilidad por extravagante que parezca.
La experiencia nos ha demostrado que muchas veces la realidad, ampliamente, supera a la ficción…




