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Red Hot Chili Peppers
“Las mil maneras de jugar con fuego”
Kike Babas & Kike Turrón.
Última actualización :: 01/07/2010 @ 12:31:32 (GMT+1)
Las Guindillas Picantes son la más veterana y vitoreada banda de esa explosiva mezcla de estilos que ha sido el funk-punk. Si bien con los años se muestran más adocenados que en sus locos inicios, siguen siendo garantes de un espectáculo de culto al sexo y la diversión, del rock`n`roll como carnaval festero. Atesoran, tras sus ventas millonarias, sus cuerpos tatuados y sus frenéticos y aún sudorosos directos, una historia negra de drogas y excesos. He aquí un resumen de las luces y las sombras de una de las bandas más emblemáticas de la soleada California.
Formados en Los Angeles (California) en 1983, Red Hot Chili Peppers eran amigos del instituto que, en vez de hacer el típico combo de punk o hardcore habitual en la zona en esa época, vincularon sus intenciones musicales al funk negro pero sin olvidar la velocidad y urgencia del punk. En su imaginario estaban tanto The Clash como Parliament y Funkadelic. De hecho el líder de estos dos últimos, el mismísimo George Clinton, rey del P-Funk, sería su mentor y el productor de su segundo trabajo “Freaky Styley” (1985), tras un primer trabajo homónimo que pasó muy desapercibido. Con estos dos primeros discos la banda no pasó de la anécdota, aunque se iban forjando en vibrantes directos: abrasivos aquelarres que los hicieron muy populares en California y donde salían a escena en pelota picada salvo por un calcetín que les cubría los genitales.
Aunque su tercer disco “The Uplift Mofo Party Plan” (1987) se colocó tímidamente en la lista de los más vendidos en USA, la banda pulula en lo personal por derroteros peligrosos: el cantante Anthony Kiedis y el guitarrista Hillel Slovak se hacen adictos a la heroína, lo cual les llevaba a abandonar el grupo por temporadas. Slovak terminaría muriendo por sobredosis en 1988 con apenas 25 años. Tras el suceso Kiedis se fue a desintoxicar a México en tanto que Jack Irons, el baterista, abandonó el grupo y poco después fue internado en un psiquiátrico.
La sustitución de guitarrista y baterista da como resultado la formación más clásica y estable que ha tenido la banda: Anthony Kiedis a la voz, Michael Peter Balzary “Flea” al bajo, Chad Smith a los parches y John Frusciante a la estratosférica guitarra. Los cuatro paren “Mother’s Milk” (1989), primer disco suyo en llegar al top-ten americano donde figura la canción tributo a Slovak "Knock Me Down", la exitosa revisión de Stevie Wonder “Higher Ground” o la aceleradísima versión de Hendirx “Fire”. Con este disco comienza el ascenso mundial de la banda, popularizando su funk vitaminizado, perfecto casamiento de las enseñanzas del sonido Motown con el punk y el hard-core. Después llegaría “Blood Sugar Sex Magic” (1991), grabado en una mansión supuestamente embrujada por el reputado productor Rick Rubin; el resultado sería un bombazo que les pondría en el Nº1 mundial singles tan difundidos como “Give it away”, “Under the bridge”, “Suck my kiss” y “Breaking the girl”. Se llegarían a vender 12 millones de copias de este disco, con el inevitable chorreo de premios y reconocimientos (Grammys y demás).
Cuatro años después editan “One Hot Minute” (1995), un disco menor en su carrera, de sonoridades dispersas y donde el guitarrista Dave Navarro de Jane´s Addiction sustituye a Frusciante, quemado de la fama y enganchado a la heroína. De todas formas Navarro también tiene lo suyo en adicciones, a lo que se suma que Kiedis vuelve a recaer en la droga, por lo que la banda está a punto de disolverse en 1997. Milagrosamente se sostiene por la determinación y tesón del bajista Flea, auténtico motor dinamizador del grupo. Finalmente regresa al seno de la banda un pletórico y desintoxicado John Frusciante y las aguas vuelven a su cauce.
Publican entonces “Californication” (1999), su mayor éxito de ventas hasta la fecha, 15 millones de copias despachadas y primeras concesiones claramente comerciales: al estilo original de la banda, el proteínico punk-funk, se le ven visos de madurez en forma de melodías más cuidadas y ritmos más calmados, de cierto calado místico, entre las canciones más celebradas “Around the world”, “Scar Tissue” o la propia “Californication”. El grupo sigue funcionando como una apisonadora en directo y su gira mundial recala en festivales tan emblemáticos como Woodstock y Rock in Río, o en La Plaza Roja de Moscú ante 200.000 personas. Después llegaría “By The Way” (2002), su trabajo más melodioso, que evita en buena medida las trepidantes cadencias con las que habían hecho historia una década atrás. En los dos siguientes discos hacen balance de su carrera, primero con el consabido recopilatorio “Greatest Hits” (2003) y después con el doble en directo “Live in Hydepark” (2004).
Su último disco hasta la fecha ha sido “Stadium Arcadium” (2006), un trabajo doble (28 temas), que fue presentado en primicia mundial en el Museo Guggenhein de Bilbao. Con el primer single, “Dani California”, volvieron a gozar de abrumador éxito, copando las listas de ventas y recibiendo multitud de premios musicales. En la consiguiente gira añaden al guitarrista Josh Klinghoffe, que a día de hoy parece que será el sustituto de John Frusciante, ante una nueva escapada de la banda madre para dedicarse a su proyecto en solitario.
Desde el 2008 la banda se ha tomado un justificado descanso de sí misma, aparcando su carrera para ejercer tareas más cotidianas, centrarse en sus respectivas familias y recargar ilusión y ganas. Para este 2010 parece que ya tienen las pilas puestas y se prevé disco nuevo para el otoño. De hecho en enero de este año se les ha visto tocar en un homenaje a Neil Young en Los Ángeles. Convertidos ya en clásicos de su tiempo, Red Hot Chili Peppers se prepara para abrasar de nuevo el planeta tierra.




